Lo que le debés a tu equipo y lo que tu equipo te debe a vos tienen que pesar lo mismo. Según la fuente, esa es la prueba de cualquier grupo: si le pedís a alguien que se haga cargo y vos no te hacés cargo de él, algo se va a romper, y casi siempre se rompe sin ruido.

Una responsabilidad que va y vuelve

La fuente acá es un código, o sea una serie de líneas que una persona decide de antemano. El código de este capítulo está escrito para el miembro de un grupo: qué le debe alguien que trabaja con otros a esos otros, y qué le deben ellos a él. Y es una prueba que se puede aplicar a cualquier negocio, también a uno chico.

Arranca preguntando quién tiene éxito en un grupo. Su respuesta: el que, con lo que hace, se acerca a lo que el grupo entero tiene como ideal, como ética y como lógica. Y enseguida viene la línea central del capítulo. La responsabilidad del individuo hacia el grupo, dice, “no tiene que ser menor que la responsabilidad del grupo hacia el individuo.”

Fijate que la fuente no dice que el empleado le debe al negocio, ni que el negocio le debe al empleado. Es una simetría: las dos direcciones pesan lo mismo.

Supongamos una dueña que le exige al equipo estar disponible de tarde y de noche, y no da ninguna flexibilidad a la mañana. En un año se van dos personas, y las dos dicen que no fue por la plata. Tienen razón. Fue por una responsabilidad que iba para un solo lado.

Ahora al revés. Una dueña le pide a una empleada que se quede un sábado extra, y al mes siguiente le da el día cuando se le enferma el hijo. La empleada se queda tres años.

Y lo mismo pasa entre socios. Un socio que pide lealtad total pero nunca muestra los números termina viendo cómo la sociedad se rompe, y no por plata, sino por información.

Contribuir es un derecho, no solo una obligación

El punto que más sorprende a los lectores habla de contribuir. Según la fuente, el miembro de un grupo de verdad tiene derecho a contribuir al grupo, y tiene que ejercerlo. Y en el mismo movimiento, tiene que exigir que el grupo también pueda contribuirle a él.

La fuente agrega que cuando a una de esas dos contribuciones se le niega su lugar de derecho, aparecen fracasos grupales sin fin.

O sea, contribuir aparece acá como un derecho, y en las dos direcciones. A una persona que no la dejan contribuir le queda solo ejecutar. Y un grupo que no puede contribuirle a la persona se vuelve un lugar donde le pagan y nada más.

En un negocio chico, esa es la diferencia entre el que se siente socio y el que se siente empleado. Y casi nunca tiene que ver con porcentajes.

Supongamos un empleado que propone tres veces una mejora en un proceso, y cada vez escucha que el dueño se va a ocupar. La cuarta vez ya no propone nada.

O una dueña que se niega a pagarle un curso a una asistente porque, según ella, se va a ir igual. La asistente se va, y dice que esa fue justamente la razón. Al año siguiente, la misma dueña le paga un curso a una empleada nueva en el segundo mes. Esa empleada se queda cuatro años.

Un choque a tiempo es una reunión, no una pelea

Otro punto del código se ocupa de lo que pasa antes de chocar. El miembro del grupo tiene que alinear lo que inicia con las metas del grupo, y hacer conocer sus planes e intenciones temprano, para que cualquier choque aparezca antes.

Lo interesante es que lo que separa a los dos choques no es el tema. Es solo el momento. Si aparece antes, se resuelve sentados a una mesa. Si aparece después, ya es un conflicto.

Supongamos una dueña que avisa un cambio de precios un día antes de que empiece a regir. El equipo se entera por los clientes, y el choque pasa delante de un cliente. Ese mismo negocio, cuando decide que todo cambio de precios se discute dos semanas antes, descubre dos problemas en una reunión y no por teléfono con un cliente.

Cuando todos pagan por uno

Hay también un punto que casi cualquier dueño reconoce. La fuente dice que el miembro de un grupo no tiene que permitir reglas que limiten a todos porque uno o dos fallaron.

Pasa en todo negocio que crece. Alguien abusa de una flexibilidad, y la respuesta es un procedimiento, una regla escrita que se aplica a todos. El día que se escribe parece razonable. El costo llega meses después: nueve personas pagan por el error de una, y la que lo cometió ya se fue.

Supongamos una dueña que cancela el trabajo desde casa para todo el equipo porque una persona abusó. En un año se le van las dos mejores asistentes. En cambio, otra dueña resuelve un caso parecido hablando directo con la persona, sin escribir ningún procedimiento. Nadie más en el equipo se entera de que pasó algo.

Qué tiene el cuadernillo sobre esto

El capítulo en el que se apoya este artículo trae dos ejercicios: la simetría, y la regla. También tiene una autoevaluación, y es parte de un cuadernillo que te ayuda a escribir tu propio código en cinco a diez líneas.

Si hace poco se te fue alguien bueno y te dijo que no era por la plata, vale la pena hacerte una sola pregunta: ¿qué le exigí, y qué le di de vuelta en esa misma dirección?