Una persona puede llevar más de un puesto, y eso no es necesariamente un problema. El problema empieza cuando dos puestos que tiran para lados opuestos terminan en la misma cabeza, porque entonces uno de los dos no se hace nunca.
Trabajar solo es un estado, no un fracaso
Cuando el dueño de un negocio chico se ocupa de todo él, eso no es una desviación de lo normal. Es un estado definido, y tiene nombre y también respuesta.
La respuesta no es parar, y tampoco es seguir así para siempre. Podés seguir trabajando solo y, en ese mismo período, formar a tu gente. Eso además te saca una culpa que no necesitás. Hacer todo no es el fracaso. El fracaso es hacer todo sin formar a nadie mientras tanto.
Pero apenas empezás a repartir puestos, o a llevar varios vos mismo, aparece otra pregunta. ¿Qué puestos pueden ir en una misma cabeza, y cuáles tienen que estar separados?
Dos tipos de sombrero doble
Un sombrero es el puesto mismo, más todo lo necesario para que alguien más pueda ocuparlo sin vos. Un sombrero doble es una persona que lleva más de un puesto, y tiene dos formas muy distintas. Solo una de ellas es segura.
El sombrero doble a lo ancho son dos puestos del mismo nivel. Por ejemplo, dos puestos de producción, o dos tipos de trabajo que corren en paralelo. Casi siempre anda bien.
Supongamos un local donde la misma empleada hace caja y también repone mercadería. Los dos puestos son producción, los dos están al mismo nivel, y no hay ningún problema.
El sombrero doble a lo alto es un puesto más el que está arriba en la cadena. Sos el que hace el trabajo y también el que lo supervisa. Según la fuente, es una manera segura de vivir bajo estrés.
La razón queda clara si lo pensás un momento: no podés supervisarte. O vas a encontrarte siempre una excusa, o te vas a gastar en una autocrítica que no termina nunca.
Supongamos un dueño de estudio que diseña él mismo y después aprueba ese mismo diseño con el cliente. Cada trabajo se le estira al doble, porque nunca logra darlo por terminado.
La regla del mismo polo
Hay una regla en este capítulo que es fácil de recordar: cuando dos sombreros van en una persona, tienen que estar en el mismo polo.
Producción es el trabajo en sí, como la caja, la reposición o desarrollar el producto. Organización es el trabajo sobre el negocio: frenar, ordenar, construir la empresa. Juntar dos puestos de producción es razonable. Juntar producción con organización no lo es nunca.
La razón es que tiran uno contra el otro. La producción te empuja a hacer más, ya. La organización te pide frenar y poner orden. Una persona que lleva los dos va a elegir producción siempre, porque es urgente, y la organización directamente no va a pasar.
Ésa es también la razón exacta por la que nunca llegás a escribir tus sombreros. Escribir un sombrero es trabajo de organización, y compite por las mismas horas que el trabajo que un cliente está esperando.
Supongamos una dueña de un local de ropa que maneja el flujo de fondos y además vende en el salón. Mientras está en el salón, los papeles se le acumulan. Y un día le rebota un cheque a un proveedor principal, porque esa semana nadie estaba parado en el polo de la plata.
Lo opuesto es el fundador de un emprendimiento chico que se da cuenta de que un mismo día no le alcanza para el producto y para armar la empresa. Separa los dos sombreros en el tiempo, y fija un día por semana solo para organizar. Su equipo empieza a saber cuándo buscarlo, y para qué.
Un puesto tapado sigue siendo un puesto abierto
Si alguien suma un puesto encima del propio, ese puesto en realidad no está cubierto. Está sostenido desde arriba, o sea que alguien lo tapa por ahora, pero no lo ocupa.
Esa diferencia cambia la forma en que mirás tu negocio. Anotá que alguien se ocupa, y vas a dejar de buscar. Anotá que solo está tapado por ahora, y vas a ver una casilla abierta, y te vas a dar cuenta cuando empiece a sangrar.
Supongamos un dueño de taller que anotó que las compras estaban resueltas, cuando en realidad las hacía él, entre un arreglo y otro. Pasaron dos años sin que buscara a nadie, y mes tras mes faltaban repuestos.
Lo opuesto es una peluquera, dueña de su local, que registró los pedidos como algo tapado por ella, y no como cubierto. A los seis meses contrató a alguien para ese puesto, porque la casilla siguió a la vista en su lista en vez de desaparecer.
El cuadernillo trae para este capítulo dos ejercicios cortos, llamados analizar e identificar. En la sección de práctica del final también vas a encontrar uno que se llama tu propio sombrero.
Entonces la pregunta no es cuántos sombreros llevás. La pregunta es cuáles van juntos en tu cabeza, y cuál de ellos nunca recibe su parte de tu tiempo.