El activo más grande que tiene tu negocio son las personas que ya te pagaron. La mayoría de los dueños ni siquiera lo cuenta, y por eso tampoco lo contacta.
El activo que tenés atrás
Cuando pensás en clientes, mirás hacia adelante: otro anuncio, otro lead, otro llamado en frío. La fuente mira para el otro lado, hacia atrás. Ya tenés un grupo de personas que superaron la parte más difícil de la venta, porque ya te pagaron.
Por eso la pregunta de la fuente no es de dónde sale el próximo cliente. Es cómo no perder a los que ya ganaste, y cómo armar con ellos un contacto personal que arrancás vos, en lugar de esperar que se acuerden solos.
No es un tema de buenos modales ni de atención amable. Es un tema de ingresos. Acá hay un negocio que ya se construyó, y un negocio que ya existe también se puede perder.
La fuente cuenta el caso de una empresa grande que instaló una nueva forma de organizarse. Descubrió, con sorpresa, que nunca le había escrito a la gente que ya le había comprado. Solo les vendía a clientes nuevos. Según su propio cálculo, eso le costaba unas 200 mil ventas por año, y puso el sistema en marcha enseguida.
En un negocio de pocas personas el número es más chico. El dolor es el mismo.
Quién entra en el archivo
Para hablar de este activo hay que definirlo. La fuente lo llama archivo del cliente: el registro de las personas que te compraron, con lo que pasó con cada una. Y sobre ese archivo hace una afirmación fuerte: el capital potencial de un negocio, su ingreso posible, está en los archivos de sus clientes.
No una fuente de ingreso entre otras. Todo el capital potencial. Y la definición de quién entra es explícita: las personas que compraron algo del negocio.
El que mostró interés no entra. El que dejó sus datos no entra. El que vino a una reunión de asesoramiento y no cerró tampoco entra. Solo el que compró.
Esa es la línea entre dos públicos. Uno todavía no sacó la tarjeta de crédito, y el otro ya la sacó. Son dos vínculos completamente distintos. Si los mezclás, tratás a un cliente que ya pagó como si fuera un lead frío, y perdés la ventaja que tenés justamente con él.
Supongamos un contador independiente que etiqueta en sus contactos a cualquiera que lo llamó alguna vez, incluso a quien hizo una sola consulta por teléfono y desapareció. Cuando quiere escribirles a sus clientes, el mensaje les llega a 260 personas. Solo 40 le pagaron alguna vez. La lista parece grande, pero el archivo real es una parte chica, y ninguno de esos 40 recibe el trato de alguien que ya compró.
Por qué no pasa solo
Es tentador pensar que un cliente conforme va a volver por su cuenta. La fuente lo rechaza de forma explícita. El ingreso no llega por un acto misterioso: “La gente no entra sola, caída del cielo.”
El dueño de un negocio chico tiende a creer lo contrario. Sabe que la primera venta le costó esfuerzo, pero está seguro de que la segunda va a aparecer sola si hizo bien el trabajo. No va a aparecer. Un buen servicio es necesario, pero no es un mecanismo. Sin una acción de tu lado, un cliente conforme sigue conforme y simplemente se olvida de vos.
Y ese descuido tiene precio. Según la fuente, quien abandona los archivos de clientes, deja que los datos envejezcan y no los trabaja, está regalando una buena parte de su ingreso.
Regalar es la palabra justa. No es plata que te ganó un competidor en buena ley. Ya era tuya, y la dejás ir porque no estiraste la mano.
Supongamos un instalador de aires acondicionados que cambia el número del negocio cada tanto porque el proveedor tiene una oferta nueva. No les avisa a los clientes que ya tiene. Cuando a uno de ellos se le rompe el aire, busca un instalador en Google desde cero y encuentra a otro. Ese cliente no se fue por un mal servicio. Simplemente no encontró el camino de vuelta.
Lo que sigue solo una vez que arrancaste
La razón por la que esto vale tu tiempo es que lo que ponés en un cliente existente no termina en él. La fuente nombra dos de los factores de promoción más fuertes: los clientes satisfechos y las buenas relaciones dentro del equipo. El segundo está ahí por cómo influye en el boca a boca.
Si mantenés a un cliente en tu archivo, seguís en contacto y lo atendés bien, no solo vuelve. Empieza a hablar de vos con otros. Y no se acuerda solo del producto. También se acuerda del clima en el que lo recibió.
Lo opuesto al contador y al instalador es un café de barrio donde el dueño se acuerda del nombre y del pedido de siempre de cada cliente. Los clientes se lo cuentan a los vecinos, y él nunca les pidió nada.
Qué tiene el cuadernillo sobre esto
En La segunda venta este capítulo termina con dos ejercicios cortos: el conteo y el último contacto. Los capítulos que siguen tratan del archivo del cliente, del próximo paso del cliente y del pedido de una recomendación.
El cliente que ya te compró ya sabe que sos bueno. La única pregunta es si tiene noticias tuyas.