El empleado que te parece sin iniciativa casi siempre es un empleado que no sabe qué tiene permitido. En la mayoría de los casos el problema no es su carácter. Le falta una definición clara del puesto, y sin ella cada día de trabajo se le vuelve un examen.

La pregunta que llega tres veces por día

Supongamos un empleado nuevo que se te acerca tres veces por día a preguntarte qué hace ahora. Es fácil concluir que no tiene iniciativa y que necesitás a otra persona. La fuente propone otra lectura: no es falta de iniciativa. Es falta de sombrero.

El sombrero, en el idioma de la fuente, son los deberes de un puesto determinado, escritos en un lugar al que la persona puede volver. El nombre viene de que muchos trabajos se distinguen por el tipo de sombrero que se usa, como el bombero o el policía. El sombrereo es el paso que lo completa: asegurarte de que la persona sabe de verdad lo que dice ahí, y no sólo de que recibió la hoja.

Esa diferencia pesa más de lo que parece. Supongamos un dueño que escribe un procedimiento excelente y lo guarda en una carpeta compartida. Nadie lo lee, así que para el equipo no existe. Ese mismo documento, después de una hora en la que el dueño lo repasa con el empleado punto por punto, da un resultado totalmente distinto.

Ahora imaginá al mismo empleado, la misma semana, después de recibir una hoja que define su puesto. La misma persona, y ni una pregunta. La iniciativa no le apareció de un día para el otro. Lo que ganó fue entender qué es suyo.

Tres leyes, y un orden

La fuente escribe sobre esto tres afirmaciones y las formula como leyes. La primera dice que darle un puesto a una persona la fortalece un poco y la hace más segura en la vida. La segunda dice que dejarla conservar el puesto la vuelve todavía más segura.

La tercera es el centro de todo. Al ponerle el sombrero a una persona, dice la fuente, “queda muy fortalecida, porque se la ayuda a sostener su puesto.”

El orden importa. Un puesto fortalece, quedarse en él fortalece más, y saber exactamente en qué consiste es lo que más fortalece. O sea, lo que más pesa en la seguridad de un empleado no es el puesto en sí, ni la estabilidad de conservarlo. Es la respuesta a la pregunta de qué se espera de él, con precisión.

Por qué saber fortalece

La fuente explica también el mecanismo. Una persona que en el fondo es insegura, y siente que no puede sostener su lugar, recibe del sombrereo la fuerza suficiente para sentirse segura y hacer su trabajo.

En la ley que cierra el capítulo, la fuente junta tres cosas: tener un sombrero, estar entrenado en él y demostrar que lo podés hacer. Juntas le dan a la persona la sensación de poder sostener su lugar, y desde ahí se vuelve más estable, más segura y más fuerte.

En un negocio chico se ve así. El empleado que te parece inseguro casi nunca lo es. Lo que no tiene claro es qué cuenta como un buen resultado en su puesto, y entonces cada jornada se le hace una prueba.

Supongamos una empleada administrativa que evita decidir cualquier cosa sola, incluso cosas chicas. No sabe qué decisiones le corresponden, y ante la duda elige no decidir.

Lo contrario es la misma empleada después de que le fijaron un límite claro: hasta cierto monto decide ella, y por encima pregunta. La parálisis desaparece. Ella no cambió. Cambió el límite.

Qué pasa cuando no hay sombrero

Para el caso contrario la fuente es dura. Las personas sin sombrero en un puesto “pueden volverse delictivas en el puesto, porque se sienten inseguras y se debilitan.”

Suena exagerado hasta que reconocés la versión de todos los días. Alguien que no tiene claro qué esperás de él empieza a esconder cosas, a maquillarlas, a postergarlas y a pasarle la responsabilidad a otro. No lo hace por maldad. Lo hace para defenderse.

Supongamos un empleado que se equivocó y no avisó durante dos semanas. No sabía si avisar iba a contar para vos como hacerse cargo o como fracasar, así que se calló.

O supongamos a alguien que le contesta a un cliente que el tema está en proceso, tres semanas seguidas. Nadie le dejó claro quién tenía que ocuparse, así que contesta y espera.

En los dos casos es fácil leerlo como un problema de carácter. La fuente apunta para otro lado: en un negocio chico, esconder cosas es casi siempre señal de que falta un sombrero, no de que falta honestidad.

Qué tiene el cuadernillo sobre esto

Para este capítulo el cuadernillo tiene dos ejercicios cortos, identificar y escribir. En la sección de práctica del final hay además un ejercicio que se llama el límite de decisión.

Antes de decidir que a un empleado tuyo le falta iniciativa, fijate si sabe qué le toca decidir a él. Lo que parece falta de iniciativa es casi siempre falta de saber.

El cuadernillo es conocimiento general sobre cómo dirigir personas, no asesoramiento legal.