Cuando alguien que trabaja con vos no rinde, hay dos razones posibles y no hay una tercera. O no reclutaste a la persona que hacía falta, o no la entrenaste en el puesto exacto que ocupa. Las dos dependen de vos, y las dos tienen arreglo.

El repaso que todo dueño de negocio conoce

Contrataste a alguien, y no funciona. Ahí empiezan las suposiciones: capaz le falta experiencia, capaz no tiene ganas, capaz nunca se dio la química. A los tres meses estás buscando a otra persona, y te pasa exactamente lo mismo.

La fuente en la que se basa el cuadernillo no deja lugar para esa lista de suposiciones. La reduce a dos razones, y pone las dos de tu lado de la mesa.

Dos razones, y no hay una tercera

Según la fuente, cualquier caída en los resultados de una organización termina llevando a uno de dos puntos. El primero es no reclutar, o sea no haber traído a la persona. El segundo es no entrenar a la gente en su puesto. Y la fuente va todavía más lejos: “Todos los problemas de una organización se pueden remontar a estos dos puntos.”

Fijate qué falta en esa lista. No están el carácter, ni las ganas, ni la generación, ni el mercado, ni la suerte.

Supongamos el dueño de un taller mecánico que en un año cambia tres veces de recepcionista. El tercero termina igual que el primero, porque lo que faltaba nunca estuvo en ellos. Ahora supongamos que ese mismo dueño se sienta y escribe una sola hoja: qué se le contesta al cliente, qué se anota, y cuándo hay que volver a llamarlo. El que viene después se queda dos años.

Reclutar no es lo mismo que el sombrereo

Distinguir las dos razones es simple. Reclutar contesta si hay alguien en el puesto. El sombrereo contesta si esa persona sabe exactamente qué hacer ahí.

La palabra sombrereo viene de sombrero. En la fuente, el sombrero son los deberes de un puesto determinado, y el nombre sale de que muchos trabajos se reconocen por el sombrero que llevan, como el bombero o el policía. El sombrereo es entrenar a una persona en ese sombrero: este puesto, en tu negocio, y no su oficio en general.

La fuente divide la falla de entrenamiento en tres partes. No se armó una hoja de verificación, es decir, todo lo que una persona tiene que conocer para cumplir con el puesto, anotado en una lista. No se armaron el sombrero ni el paquete de materiales que lo acompaña. Y al empleado nunca se lo entrenó del todo en ninguno de los dos. Las tres son cosas que vos no hiciste, no defectos del empleado.

Supongamos la dueña de un estudio de diseño que el primer día le explica todo el trabajo a la empleada nueva, de palabra y una sola vez. Lo que viene después son tres meses de reclamos porque no lo hizo como le había dicho. O un instalador de aire acondicionado que le dice al empleado que aprenda sobre la marcha. El empleado aprende, pero su propia versión, y esa versión hay que corregirla después.

De quién es el entrenamiento

La fuente lo plantea como una obligación, no como una opción: “Cualquiera que tenga subordinados a su cargo es el responsable de entrenamiento de esos subordinados.”

En un negocio chico con uno o dos empleados, ese responsable sos vos. No hay un área de capacitación a la que pasarle el tema.

La fuente también dice qué pasa cuando esa obligación queda sin cumplir. El que manda y no se ocupa de que su gente tenga un puesto escrito y un entrenamiento completo termina con un derrumbe total.

Supongamos un dueño que ve el entrenamiento como tiempo perdido. En la práctica termina gastando el triple en corregir errores. Del otro lado, un dueño que le dedica tres horas a un empleado nuevo la primera semana descubre, dos meses después, que el empleado ya trabaja sin él.

Por qué en realidad es una buena noticia

Que las dos razones estén de tu lado puede sonar a culpa. En realidad es la buena noticia del capítulo, porque lo que no está en tus manos tampoco lo podés arreglar. El carácter de una persona no lo cambiás. Una hoja escrita y un buen entrenamiento sí los podés dar.

La fuente también da una manera de reconocer de antemano un área del negocio que está por romperse. Tiene tres señales: le falta gente, está desorganizada, y la gente que hay nunca fue entrenada. Las señales se suman. Que falte gente, solo, todavía se aguanta, y que falte gente y encima nadie esté entrenado ya es una cuenta regresiva.

Supongamos el dueño de una imprenta que trabaja con dos personas donde hacen falta tres, sin procedimientos escritos y sin entrenamiento. Está seguro de que el problema es la cantidad de gente. Si suma una tercera persona sin arreglar lo de las dos que tiene, va a terminar con tres personas sin entrenar en lugar de dos.

Para este capítulo el cuadernillo trae dos ejercicios cortos, que se llaman diagnosticar y revisar. En la sección de práctica del final vas a encontrar además uno llamado el primer sombrero, y otro llamado las dos revisiones.

La próxima vez que alguien no rinda, la lista que tenés delante es mucho más corta de lo que parece. Tiene dos razones, y las dos son tuyas.

El cuadernillo es conocimiento general sobre cómo dirigir personas, no asesoramiento legal.