Parece una cuestión de carácter, o de un equipo flojo, pero es un diagnóstico con una causa clara. El que hace todo solo casi nunca está corto de gente. A su gente le falta un lugar definido, un puesto escrito y entrenamiento.
Hacer todo solo, con gente alrededor
Según la fuente, hacer todo solo quiere decir ocuparte vos mismo de las cosas. Hasta ahí, nada raro. Lo que sorprende viene después: podés hacer todo solo cuando no tenés a nadie, y podés hacerlo igual en medio de un grupo grande cuya tarea es trabajar o dar una mano.
Ése es el punto. Esto no le pasa al dueño que no tiene empleados. Le pasa al que sí los tiene, y aun así termina encargándose de todo personalmente.
Supongamos un dueño con tres empleados que atiende él mismo todas las llamadas. Tiene tres personas, y las tres están esperando que les diga qué hacer.
O supongamos una dueña de estudio que revisa cada archivo antes de que salga al cliente. Al año, nadie en su estudio revisa su propio trabajo.
En los dos casos hay gente, y hay quien haga el trabajo. Lo que falta es alguien que sepa que ese trabajo es suyo y que no se quede esperando la orden.
La causa, en una sola frase
Acá la fuente no deja lugar a interpretaciones. El fenómeno, dice, se produce “por tener gente sin lugar en la estructura, sin sombrero y sin entrenar.”
¿Qué quiere decir cada parte?
- Sin lugar en la estructura es la persona que no tiene un lugar definido en el negocio: a quién le reporta y con quién trabaja.
- Sin sombrero es la persona que no tiene sombrero. El sombrero son los deberes de un puesto, o sea lo que la persona hace cuando está en ese puesto, puesto por escrito.
- Sin entrenar es la persona a la que nadie le enseñó el trabajo que ocupa.
Las tres son acciones que no se hicieron. En la lista no figura un equipo flojo, ni la idea de que no se puede confiar en nadie.
La fuente suma además el costo social. Según la fuente, hacer todo solo es despectivo hacia los que están alrededor sin trabajar.
La frase que es cierta hoy y falsa el mes que viene
Hay una frase que sostiene toda esta situación: lo hago yo, que es más rápido.
Supongamos el dueño de un taller mecánico que repite esa frase una y otra vez. A los seis meses tiene razón, porque en su taller nadie aprendió nada.
Ahora pensá en ese mismo dueño cuando invierte dos días en pasarle un puesto a otra persona. Pierde dos días, y gana cinco horas por semana.
Ésa es exactamente la trampa. La frase es cierta hoy y falsa el mes que viene, y por eso cuesta tanto verla como un error.
Aun con procedimientos, algo sigue faltando
El fenómeno aparece en negocios que tienen gente, que tienen estructura y que hasta tienen los sombreros por escrito. La fuente desarma lo que falta en esos casos en cuatro faltas, y una de ellas es que los sombreros existen pero nadie se entrenó en ellos.
Supongamos un negocio con todos los procedimientos en una carpeta compartida que nadie abre. Los procedimientos están escritos, y el dueño igual contesta cada pregunta él mismo.
O supongamos una oficina donde cada uno sabe su tarea y nadie sabe qué pasa con ella después. Ahí también todas las preguntas terminan en la misma persona.
Cuánto cuesta no entrenar
Acá la fuente da vuelta la pregunta de la plata: “Cuesta plata no gastar plata en entrenar de antemano para un puesto.”
Fijate en la vuelta. No dice que entrenar cuesta plata. Dice que no hacerlo cuesta plata. Y eso vale también para el que no tiene ningún presupuesto de capacitación: el precio lo pagás igual, y lo único que queda por decidir es si lo pagás con tus horas o con tu plata.
Además, no todo lo que se llama entrenamiento lo es. Según la fuente, el material tiene que servir en la práctica y tiene que corresponder al trabajo que la persona va a hacer de verdad.
Supongamos una dueña que anota a una empleada en un curso general de dos días. El curso es bueno, y no toca nada de lo que la empleada hace en el día a día.
Lo opuesto es esa misma dueña cuando dedica un día entero al proceso de su propio negocio, tal como funciona. Un solo día, y las preguntas se terminan.
El cuadernillo trae para este capítulo dos ejercicios cortos, llamados contar y transferir. En la sección de práctica del final también vas a encontrar uno que se llama el primer sombrero.
Entonces, cuando te encontrás haciendo todo solo, la pregunta no es qué anda mal con tu gente. La pregunta es cuál de las tres acciones todavía no hiciste.
El cuadernillo es conocimiento general sobre cómo dirigir personas, no asesoramiento legal.